No se permitirán niños menores de 12 años
Se dice que un día, Zeus envió dos águilas, una a cada extremo del mundo. El sitio donde se encontraren definiría el centro, el ónfalo, ombligo del mundo. Materializado por una roca, que es comúnmente protegida por una serpiente. El águila y la serpiente son también los símbolos de la ciudad de México, cuya etimología significa en el ombligo de la luna. Partiendo de este axis mitológico entre México y Europa, Omphalos escarba entre historias abandonadas, creadas desde la observación del cosmos, reaccionando ante un imaginario indígena sobre las ruinas de un símbolo contemporáneo de la ciencia y la comunicación.
Utilizando cosmología mitológica y científica, el conocimeinto consciente e inconsciente, la obra resulta en una reflexión física sobre la percepción del tiempo, el cual es múltiple y elástico. Los bailarines, señores del tiempo, se vuelven tejedores, ondulando entre ciclos y patrones que desdibujan la línea entre su experiencia y las fuerzas que los mueven. Ellos encarnan sus texturas, manifestaciones cíclicas a través de aceleraciones, desaceleraciones e impredecibles espirales vertiginosas. Con sus movimientos viscerales, abrirán una puerta a través de las leyes gravitacionales de la física, la geometría y la relatividad.
Atraidos por los cuatro puntos cardinales, un péndulo que respira captura los ecos contemporáneos a través de frecuencias distorsionadas, transmisiones de radio, emisores y receptores que, traducen físicamente aquello que no se puede ver.
Omphalos gira entre un pasado casi olvidado y un futuro cada vez más incierto. Los bailarines, seres caminantes atados al vértigo del tiempo, danzan antes de que el portal vualva a cerrarse.